En América, Sor Juana Inés de la Cruz es la más destacada creadora de villancicos
Tradicionalmente, en las posadas y pastorelas cantamos el arrullo al Niño Jesús, los versos para pedir posada y populares villancicos; entre estos “Noche de Paz”, uno de los más famosos que los mexicanos aprendemos a cantar desde niños, incluso de oídas.
A través de los siglos, el coloquio y la pastorela fueron útil herramienta para que los frailes franciscanos y dominicos catequizaran y convirtieran al catolicismo a los indígenas americanos. Actualmente, en el barrio urbano del Valle del Maíz de San Miguel de Allende, Guanajuato todavía se celebra, durante los festejos de la Santa Cruz de mayo, el coloquio “El tesoro escondido”. Siendo los actores las mujeres, niños y hombres nativos vecinos que encarnan a la virgen María, a San José, los Reyes Magos, los ángeles y a cada uno de los personajes propios del nacimiento, de la vida y pasión de Jesús.
La primera celebración de
Navidad
Recordemos
que gracias a la intervención de Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno
(canonizados santos), fue que en el siglo IV el papa Julio I autorizó
oficialmente, y reconoció, el día 25 de diciembre para festejar la Natividad de
Jesús; esto fue en el año 345 después del nacimiento de Jesús. A partir de
entonces y hasta la actualidad, la conmemoración del nacimiento de Jesús se ha
extendido por todo el mundo católico.
Pero no fue
“sino hasta el siglo XIII, cuando San Francisco de Asís instala cerca de Rieti (Italia), el primer Nacimiento, con la autorización
del papa Honorio III. El ejemplo es seguido por toda Italia. Cuyo arte del (año) Trescientos desarrolló iconográficamente en
gran medida la escena de la Navidad, el uso del pesebre parece haberse
popularizado en la segunda mitad del (año) Cuatrocientos”.
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), décima musa mexicana, se ocupó copiosamente en crear villancicos. Muchas de sus creaciones se conocieron e interpretaron primero en España. Afortunadamente su importante obra se ha conservado hasta nuestros días en diversos textos que nos acercan al conocimiento de algunos de sus villancicos de Navidad y otros con temáticas religiosas propias del calendario litúrgico anual del catolicismo, como la ascensión de la virgen María.
Actualmente para los mexicanos, y
en general en los países de habla hispana, es tradición sociocultural llamar
villancico a los cantos de Navidad. Mientras que en países como Francia, con
otra lengua y otra cultura, se les denomina “Noël”. Y lo mismo sucede
en los demás países del mundo donde se celebra la Navidad, como Italia que se
les llama “Laude”, “canto di Natale” y/o “canto natalizio”.
En inglés se les
llama “Carol” y una de las
colecciones de villancicos en esta lengua es
“The Carol Album: Seven Centuries of
Christmas Music” del director Andrew Parrot. En alemán se les
designó: Weihnachtslied y así
cada idioma de los países donde se festeja la Navidad tiene su forma lingüística
propia para denominar a los villancicos navideños.
En su origen, el villancico es una
manifestación del arte popular que definió el carácter y la necesidad popular
de los habitantes de villas o rancherías europeas, donde las letras y temáticas
del villancico no fueron inspiradas por motivos religiosos. Pues los habitantes
de éstas zonas rurales los componían para cantar en sus fiestas, declarar su
amor a una mujer, difundir algún hecho social o militar de importancia e
incluso para exaltar la naturaleza, el campo y la alegría de vivir.
El
villancico navideño es por excelencia el más popular y conocido universalmente,
sin embargo, es preciso explicar que tanto los autores anónimos como los
firmados por sus creadores se inspiraban en la virgen María, San José, San
Pedro y a otros referentes a la Natividad de Jesús o la Navidad.
Éste diciembre del 2022, la letra poética
y religiosa del famoso villancico “Noche
de Paz” cumplirá doscientos cuatro años. Es uno de los más cantados hasta
hoy se ha convertido en un himno mundial traducido y cantado en varias lenguas
y en todos los países donde se festeja la Navidad.
El título original en alemán de este
villancico es “Stille nacht, heilige
yach”, su letra fue escrita por un sacerdote austriaco llamado Joseph Mohr.
Quien, estando a cargo de la capilla de San Nicolás, hoy conocida también como capilla de “Stille
Nacht” (capilla noche de paz), y habiéndose averiado el órgano del lugar, compuso esta
letra para ser acompañada con guitarra y así asegurar la parte musical para la
Misa de Gallo o para la noche de Navidad del 24 de diciembre de 1818; en el
pueblo de Oberndorf, Austria. La música es del también austriaco Franz Xaver
Gruber.
Entendemos que, además de la
apreciación poética de este villancico, su éxito también se debe a que, en la
historia universal, el anhelo de la humanidad por vivir en paz y fraternidad es
un sentimiento milenario expresado en pos de la felicidad y el amor al prójimo,
a la familia y a la tierra o país donde nacimos. Este sentimiento ha permanecido
a través de los siglos y llegado al presente para evocar el mismo pensamiento
recogido por su autor; por ello se ha convertido en himno navideño de paz que
se canta en distintas lenguas alrededor del mundo.
La paz y el amor son el más humano
de todos los derechos del hombre en su vida. La paz es indispensable para el
desarrollo económico, social, cultural y en todo sentido vital. Sin la paz no
se puede sembrar ni cosechar el fruto de la tierra que nos alimenta. Sin paz,
la desolación acrecienta su reino de tinieblas y reduce el esplendor de la
civilización humana a una agonizante chispa que, por fortuna hasta nuestro
siglo y a pesar de la violencia diaria, los conflictos interraciales y las
guerras en todas las geografías del planeta, no ha podido ser apagada. Aunque
sí se disminuye al crecer la pobreza, el odio y la ambición voraz por
arrebatarle al hermano lo que es suyo, lo que Dios le dio; incluso la vida.
El villancico “Noche de Paz” es un luminoso himno a la vida, a la renovación y,
musicalmente, con sus sencillas estrofas fortalece la expresión más positiva y
creadora del ser humano. Por ello, un alto porcentaje de producciones navideñas
incluyen este popular villancico. Y, cada año, una multitud de europeos y
habitantes de otros continentes, se congrega alrededor del templo de Oberndorf, Austria, para participar en
el ritual propio de la celebración de la Navidad; avivando con su voz este
canto, cuyo autor quiso que fuera una común oración entre los fieles creyentes para
celebrar el nacimiento de El Mesías.
Seguramente durante la primera y segunda guerra mundial, que tuvieron su
escenario principal en Europa, el villancico “Noche de Paz” fue un refugio espiritual, de fe y esperanza para
miles de afectados por la devastadora violencia del hombre contra sí mismo y en
detrimento de su existencia plena.
El mismo mensaje de amor y paz que
pregona este villancico, también ha sido exaltado por mujeres y hombres como
Mahatma Gandhi, abogado y político de la India (1869-1948), Santa Teresa de
Calcuta (1910-1997) nacida en Albania y naturalizada india y Nelson Mandela
(1918-2013) nacido en Sudáfrica y reconocido con el Premio Nobel de la Paz en
1994, por su contribución de vida ejemplar a la eliminación del “apartheid”; sistema de segregación racial
que, por décadas, sometió a los nativos negros africanos y les impidió la
libertad para gozar de los mismos derechos humanos de paz, amor y satisfacción
de las necesidades mínimas que sí disfrutaban sus colonizadores blancos
holandeses.
Gandhi, Santa Teresa y Mandela son
seres humanos que, como el creador de la letra de este villancico, Joseph Mohr, hicieron del
mensaje y acciones de paz y amor entre los hombres una inspiración e impulso de
vida que ha trascendido en el tiempo y el espacio.
En otro ámbito, el célebre compositor católico alemán
Ludwig van Beethoven (1770-1827), al conocer la letra de la “Oda a la alegría”, del poeta Friedrich
von Schiller (1759-1805), pensó musicalizar este poema humanista. Y así lo hizo
en su novena sinfonía, en la cual incluyó en la parte última un “Coral” o
versión cantada de la “Oda a la alegría”,
escrita en 1785 y publicada por primera vez al año siguiente.
Actualmente conocemos esta parte coral como “Himno a la alegría” y resulta popular por su trascendencia al ser
adoptada como emblema de libertad, hermandad, amistad, paz y esperanza por
alcanzar la plena felicidad y el amor entre los hombres; mismo mensaje evocado
por el creador del villancico “Noche de Paz”, Joseph Mohr y su musicalizador Franz
Xaver Gruber que se inspiraron en el nacimiento de Jesús.
Incluso, “Himno a la alegría”,
fue inscrita en el año 2001 en la “Memoria
del Mundo de la UNESCO”, como parte esencial de la herencia espiritual de
la humanidad. Y, quizá algún día, el villancico “Noche de Paz” sea reconocido en esta categoría de valor inmaterial.
Definitivamente debemos tener presente que en la música una nota lleva a otra y
que la línea de influencia de lo popular y lo culto se desdibuja a la vista,
pero no al oído.
Éste diciembre 2022, durante las nueve posadas, que simbolizan los nueve
meses de gestación de la madre de Jesús, cantemos villancicos para conservar
nuestras tradiciones y disfrutar de bellos momentos de hermandad.
Elementos que favorecieron la
divulgación extensa del villancico
Es
importante recordar que en el periodo que comprende del siglo XIV al XVI se
avivó en Europa el auge creativo musical. Se conocieron virtuosas obras
esencialmente con técnica vocal que se cantaron a cappella. Gracias a las escuelas de música culta, el conocimiento
del pentagrama fue considerado más una iniciación científica que artística.
Incluso se experimentaba con fórmulas dirigidas a la apreciación objetiva y
espiritual del arte. El auge del conocimiento y la creación musical propició la
creación de diversas concepciones estéticas del sonido y la vibración de las
notas, naciendo así los géneros musicales, entre los cuales se registraron la
misa, el motete, la canción y otros.
En esa época, en Italia se escucharon los primeros madrigales y en
Alemania se fortaleció la composición coral. Ya para entonces, incluso en
Francia, se identificaron escuelas europeas con tendencias musicales
específicas que formaron corrientes estéticas de creación y ejecución musical
que influenciaron a los jóvenes estudiosos del científico pentagrama musical.
Una etapa trascendente de esta evolución musical sucedió durante los
siglos XVII y XVIII, pues en su transcurso se subió el telón para escuchar las
primeras óperas, oratorios, sonatas y sinfonías. Piezas que renovaron el
lenguaje musical manifiesto en los creadores italianos de la música
instrumental, sonido que atrajo a miles en toda Europa.
Un precioso ejemplo de esta época es el oratorio “El Mesías” (“The Messiah”), que en este siglo XXI, sin ser
villancico ni lejanamente, es una de las obras musicales preferidas a
presentarse en Adviento y Navidad, en teatros, salas de concierto y edificios
religiosos. Por ello, mencionamos esta obra de la música universal que el
compositor alemán, nacionalizado inglés, Georg Friedrich Händel (1685-1759),
compuso musicalmente, a partir de los poemas de Charles Jennens. Obra del siglo
XVIII, en formato o género de oratorio estrenado en Dublín, Irlanda el 13 de
abril de 1942 que contiene inspiración en textos bíblicos del antiguo
testamento, citando a los profetas que anuncian la llegada de Jesús y del nuevo
testamento retomando textos de los Evangelios y, en general, se centra en el
mensaje de fe, fraternidad y esperanza de Jesús.
“El Mesías” es parte de la creación musical del barroco, tendencia o concepción
creativa que en la historia de la música se ubica del siglo XVII hasta la mitad
del XVIII, en tres etapas o fases: Clasicismo, Romanticismo e Impresionismo.
“El Mesías” es una saturada o barroca forma de la música clásica europea que
incluye la expresión recitativa y coral; por lo cual cuenta con distintos
pasajes, tiempos y movimientos musicales en cada uno de los cuales participa
una orquesta, coros femeninos y masculinos y cantantes solistas; simultáneamente
o uno a la vez.
Y, ya en el siglo
XIX, la ópera “Nabucco”, tragedia
lírica con música del compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901) y libreto
de Temistocle Solera, basada en el Antiguo Testamento y en la obra
Nabucodonosor, se ubicó entre las favoritas para interpretarse en Navidad.
“El Cascanueces”, del compositor ruso
Pyotr Ilych Tchaikovsky (1840-1893) ballet estrenado en 1892 en el teatro
Mariinsky de San Petersburgo, con libreto de Ivan Vsevolozhsky; basado en una
adaptación de Alejandro Dumas padre del cuento “El Cascanueces y el rey de los ratones”; de la autoría de Ernst
Theodor Amadeus Hoffmann.
“El Cascanueces”, cuenta la historia
del nuevo juguete que una niña recibe como regalo en la noche de Navidad, mismo
que después de la media noche cobra vida y, luego de varias hazañas, lleva a
esta niña a un reino maravilloso habitado por muñecos. “El Cascanueces”, se ha consolidado como el ballet más popular
representado en Navidad.
(Texto tomado del ensayo: "Villancicos navideños, origen histórico y cultural". Autora: María Guadalupe Meza López. (Ediciones Guajira-2018)